Cómo ser un gran CIO (IV): dirigir una orquesta

En diciembre solemos hacer una reunión general de toda la empresa, en Barcelona. Nos gusta hacer cosas distintas cada año: tiro al arco, karting, recorrer la ciudad vieja compitiendo a ver quién encuentra primero una serie de claves históricas (lo que acá se llama gymkhana), cosas así. Y después ir a comer, claro.

Esta vez hicimos una experiencia musical: la gente de SinfoSALLE, un taller de la escuela universitaria La Salle, nos dividió en dos grupos, nos dieron una serie de “instrumentos informales” (tubos, botellas, bolsas de plástico, cosas así), y nos hizo competir a ver a quién hacía mejor música. O algo parecido.

Estoy simplificando un poco, pero en esencia, el reto era ése. Y fue muy, muy interesante. Porque, al final, fue un ejercicio de liderazgo. No importaban mucho los conocimientos musicales, pero motivar, organizar, y extraer lo mejor del equipo era realmente el desafío.

Un grupo consiguió una obra coherente, armoniosa, y hasta audible. El otro grupo, todo lo contrario. Me gustaría decir otra cosa, pero estuve en el segundo grupo.

El análisis post-mortem, a cargo de Menno Marien, batuta de SinfoSALLE, fue revelador. Un grupo tenía claro el concepto, se pusieron de acuerdo en la idea, hicieron suya la estrategia y el objetivo, y dieron lo mejor de sí para conseguirlo. Trabajaron mucho y disfrutaron.

El otro grupo se subdividió sin tener un plan coherente, aparecieron pequeños sargentos a recriminar a los menos motivados, que, obviamente, se desmotivaron aún más, y se convirtieron en espectadores del desastre.

El líder no corre solo por delante, ni empuja por detrás: el líder acompaña, escucha, aprende, cree y hace al equipo creer en cada uno y en el grupo. Y además de sacar lo mejor de cada uno, lo hace divertido.

El tiempo “perdido” en alinear a todos con el verdadero objetivo se recupera mil veces después en la ejecución.

Y estoy siendo escueto: hubo muchas otras conclusiones. Dimos varios pasitos en el interminable camino del aprendizaje.

Lástima que, musicalmente hablando, estuvimos lejos de dejar nuestra marca en el universo. Pero nos sirvió para recordarnos que mejor nos dediquemos a hacer software.

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