Cómo ser un gran CIO (IV): dirigir una orquesta

En diciembre solemos hacer una reunión general de toda la empresa, en Barcelona. Nos gusta hacer cosas distintas cada año: tiro al arco, karting, recorrer la ciudad vieja compitiendo a ver quién encuentra primero una serie de claves históricas (lo que acá se llama gymkhana), cosas así. Y después ir a comer, claro. Sigue leyendo

Anticipo de “Cómo ser un mejor CIO (IV): dirigir una orquesta”

¿Dónde corno estuve metido? Bueno, por ahí. Fueron las fiestas de fin de año, estuve en Argentina, estuve en Londres, etc., pero en realidad no tengo excusa. Eso sí: el lunes les cuento mi experiencia dirigiendo una banda musical. ¿Qué tiene que ver con ser un mejor CIO, o un mejor CISO, un mejor gerente o un mejor padre? Todavía no lo pensé, pero tengo tiempo para pensarlo hasta el lunes.

Nos vemos.

Menos ITIL y más Shakespeare: Cómo ser un gran CIO

Supongamos que te preocupa el futuro.

Por ejemplo, por la incertidumbre que existe en la economía global. O que estás preocupado por tu trabajo: tal vez no por perderlo, pero querés estar seguro de ser intocable. O mejor aún, vamos a suponer que realmente querés un ascenso.

¿Qué es lo primero que pensás?  Sigue leyendo

¿Cómo ser un gran CISO?

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Después del Tango/04 Monitoring Symposium en Italia y en rapido tránsito por Buenos Aires, una pregunta: ¿Qué tiene que decir el creador de Dilbert acerca de convertirse en irreemplazable como CIO? ¿O CISO? ¿O Gerente de Tecnología? ¿O cualquier otro puesto que puedas tener hoy? Mucho. Muy pronto: jugosos consejos de Scott Adams, totalmente gratis. (Gratis en el sentido de que no le voy a pagar nada a Scott Adams). ¡Nos vemos!

Steve

Steve Jobs

Escribo esto en un avión, en mi MacBook Air, que me alivia la espalda y me alegra la vista, mientras releo su Stanford speech en mi iPhone. Sí, soy un fanboy. Mi hija menor, de dos años, también: tan fácil, tan natural para ella usar el iPad, esa tableta mágica. Tan llenos los productos Apple de simplicidad y buen gusto.

No estoy triste, porque Steve fue, se encontró en este mundo, no vivió la vida de otra persona. Amó. Creó. Vivió. Nos inspiró a todos, y estará tan por siempre con nosotros.

Descansá en paz, Steve, y gracias. Como decía Facundo: no murió, se adelantó. Como siempre.

Algunos apuntes sobre El techo de cristal

Estado

Comentarios rápidos sobre El techo de cristal, mi post anterior:

Primero, lo escribí algunas semanas atrás para The Rhetorical Journey, donde salió como post invitado (¡gracias, Conor!). Tenés que seguir sí o sí a Conor (@cuchullainn) y suscribirte a su blog.

Segundo, Diana Nyad intentó un tercer cruce justo unos días después de escrito el post, a los 62 años. Tuvo que abandonar después de casi 40 horas de esfuerzo, cien mil brazadas y más de 90 kilómetros nadados, tras haber sido picada varias veces por el animal marino más venenoso conocido (http://bit.ly/r1XYTX). Generalmente una sola picada es suficiente para disuadir a cualquier maratonista, pero Diana está hecha de una manera distinta: nadó 34 horas más después de la primera picadura. Dejó de nadar sólo porque otra más la podría haber matado.

Y, último pero no menos importante, jugué mi primer partido oficial con los Vallvidrera Senglars este domingo pasado. ¿El resultado? Ganamos 4-0. La vida es bella.